El Julio Bocca

En otras latitudes se lo llama "el rústico", "el asesino" o simplemente "bajá la pierna porque te voy a cagar a tiros, hijo de mil puta". En nuestro "equipo", ese lugar lo ocupa el Hooker esperancino Tomás García Riverson.
Es aquel jugador que no escatima en acrobacias a la hora de marcar al rival, y que su actividad de marcador de punta se extiende en ocasiones a la de bailarín clásico o de ballet. Es aquel jugador que sabe que, más certera que una patada en el tórax, es la amenaza de esa patada, ya que el cagazo en el rival es más fuerte que el dolor (y, seguramente, por esa actitud de advertencia al rival no sea sancionado con tarjeta roja).
"Las opciones son dos", le sugiere al rival: "tu integridad física y mental o la pelota". Generalmente, los delanteros (siempre bien peinados y elegantes) eligen su integridad física y mental, por lo que los jugadores "Julio Bocca" suelen eludir sanciones de 99 años fuera de la competencia deportiva o bien la carcel común.

¿Vestimenta? Generalmente medias bajas, un pantalón manchado con lavandina que poco se parece a uno de fútbol, y una camiseta muy ajustada (probablemente de algún sobrino o hermano en su infancia) que no combina con ninguna de las dos prendas citadas. Son mejores los botines con tapones de aluminio, para intimidar más aún al rival, pero generalmente unas buenas Topper de lona o Diadora pueden cumplir ese papel.
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